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domingo, 11 de junio de 2023

Las notas de los niños. ¿Cómo ayudarles a mejorarlas?

 

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Para cuando se esté publicando este pódcast, 8 de junio, en muchos colegios ya habrán puestos las notas y en otros estarán ya casi terminando de ponerlas.




El fin de curso está ya cerca, en dos semanas se cierran las aulas, y atrás queda casi un año con sus altibajos, sus éxitos, sus fracasos, aprendizajes y emociones.

Y con el final de curso, llega también la entrega de notas.

En este episodio me pregunto, cómo interpretar las calificaciones escolares.

 

Y es que caben dos posibilidades, que hayan sido buenas o que hayan sido malas.

Y tras esto, yo me pregunto, malas o buenas, ¿respecto a qué? O ¿respecto a quién?

 

Debemos analizar las notas de nuestros hijos como un termómetro de su esfuerzo, de su constancia y de su capacidad de superación. No creo que deban tomarse de otra manera, y más cuando nuestros hijos están aún adquiriendo el hábito de estudio y aprendiendo su profesión que es la de ser estudiante.

Siempre digo que debemos analizar la evolución desde septiembre hasta junio.

Si comenzó regular, pero termina con un bien o con un notable, nuestro hijo ha hecho un buen curso. Si la evolución es la contraria, bien podemos pensar que algo ha pasado.

 

Evidentemente, si las calificaciones, en general, no han sido buenas debemos preguntarnos por qué y tratar de poner soluciones. Debemos huir de relacionar la nota que haya obtenido nuestro hijo con su valía. Que haya sacado más o menos nota ni le limita su valía ni le define.

Como padres deberemos analizar varios factores a la hora de calificar las notas de nuestros hijos.

Puede que nuestro niño no haya adquirido aún una buena rutina de estudio o que se haya despistado al final del trimestre, que tenga algún problema emocional que le bloquee la posibilidad de estudio o que haya que reforzar la responsabilidad y madurez. También deberíamos sopesar si tiene algún problema como déficit de atención, altas capacidades o simplemente que no ve del todo bien y deberíamos llevarle al oculista.

Todo cuenta a la hora del estudio.

Así que, como decíamos, lo primero que debemos hacer es hacer un análisis en casa de qué no ha ido bien para que el niño no haya obtenido los resultados deseados.

Si las calificaciones no han sido las mejores, puede que no sea únicamente responsabilidad del niño. No digo quitarle toda ella, pero sí que  habría que hacer un análisis global.

Debemos preguntarnos si en casa hay el mejor ambiente de trabajo y estudio, si fomentamos las rutinas, si nuestro hijo tiene siempre un mismo sitio y misma hora para hacer los deberes o si le hemos enseñado a organizarse haciéndose, por ejemplo, un horario de sus tareas semanales.

Es importante que nuestro niño vaya adquiriendo un hábito de estudio y que nosotros, como padres, le ayudemos a conseguirlo.

 

Igualmente, deberemos analizar si nuestro hijo o nuestra hija ha adquirido un hábito de lectura lo suficientemente potente para entender bien lo que lee, tener más vocabulario, así como para leer más rápido.

 

Otro aspecto que analizaría es si nuestro hijo está sobrecargado de extraescolares. Puede que, si tiene demasiadas actividades después del colegio, aunque le encanten, puede que le reste tiempo y energías para cumplir con lo mínimo que es lo que le mandan en colegio. En cada niño habría que observar cuál sería el punto medio para poder asistir a otro tipo de actividades más lúdicas y formativas, que también aportan a la formación de nuestro hijo, pero sin sobrecargarle. Nuestro hijo debe tener tiempo para cumplir con sus estudios del colegio así como para descansar y relajarse en casa.

Nuestros hijos deben aprender a descansar, a estar en casa jugando y a que el tiempo de ocio y de autocuidado es tan importante como el de trabajo. Sin uno no se llega al otro y eso también se aprende de pequeño.

 

¿Qué más podríamos analizar?

Deberíamos observar si el colegio en el que está nuestro hijo es el correcto para nuestro él o para ella.

Como siempre digo, no hay colegios buenos ni malos, a priori. El bueno es aquel en el que nuestro hijo esté cómodo, aprenda y se sienta valorado y querido. A partir de ahí, seguiremos construyendo.

 

Así que trata de saber si en el colegio se siente bien, si cuando tiene dudas, le contestan y le ayudan a mejorar.  Si con los compañeros tiene una buena relación o si algo o alguien le está importunando.

 Si en el colegio todo funciona bien, genial. Una cosa menos que hay que subsanar. Si no, esta podría ser una de las razones por la cual tu hijo no ha podido concentrarse en el estudio.

Trata de mantener alguna entrevista a lo largo del curso con el tutor del niño. Sigue su evolución con sus profesores para que el trabajo entre familia y escuela sea el mejor posible, así como para que tu hijo sea consciente de que ese contacto existe y para que sienta que sus padres están a su lado en sus estudios.  Cuando hay un problema, cuanto antes se detecte y se le ponga remedio, mejor. Y ambas partes, colegio y familia, deben estar las dos, implicadas en este proceso de mejora constante.

Otro factor que puede que afecte a las calificaciones y al día a día escolar de tu hijo es que no se le haya diagnosticado algún tipo de trastorno del aprendizaje que puede que le esté dificultando en su día a día.

Hablamos de hiperactividad, déficit de atención, dislexia o quién sabe si hasta altas capacidades. Observa y actúa para poner los medios.

 


Recuerda que un pequeño tropezón se puede interpretar como un problema o como una oportunidad de mejora.

Si nuestro hijo ha suspendido, o si sus calificaciones han sido bajas aún sin suspender, es un momento estupendo para hacerle entender que de esta situación debemos sacar un aprendizaje. El fracaso es parte de la vida y del aprendizaje. Debemos enseñar a nuestros hijos que fallar en sí no es malo y que siempre se puede sacar una enseñanza de esos momentos.

 

Gracias a los errores aprendemos y, puede, que esta sea una buena ocasión para analizar qué se puede mejorar y hacerlo. No debemos interpretar una mala nota o un suspenso como algo terrible. Debemos hacer ver a nuestro hijo que seguramente pueda mejorarlo, que vamos a ayudarle para que lo consiga, pero que le pedimos que sea responsable, trabajador y honrado consigo mismo y con los demás, ya que su trabajo es el de ser estudiante y, como trabajo que es, debe dar su máximo para sacarlo de la mejor manera posible.

Así que, como siempre te digo, hemos de poner en valor la importancia del esfuerzo. Si nuestro hijo ha dado lo mejor de sí mismo, poco más le podemos pedir. Sin embargo, si sabemos que se puede esforzar más, es el momento de sentarnos y hablar sobre la importancia del esfuerzo, del compromiso y de la responsabilidad.

 

Igualmente, nosotros, como padres, debemos transmitir a nuestro hijo que estamos con él, que le vamos a ayudar, y a exigir, para que cumpla con su obligación.

Huiremos de descalificaciones o de volcar culpas.

 

Otro factor que debemos analizar a la hora de ver los resultados escolares es cómo nuestro hijo asume el momento del examen o de la prueba.

Nuestros niños están aprendiendo a hacer exámenes, a que se les evalúe en un momento en concreto por un tema o temas aprendidos.

Puede que nuestro hijo aún no tenga adquiridas las herramientas necesarias para superar ese momento con tranquilidad. Puede que no le sea sencillo gestionar que se le va a calificar.

Así que si el caso de nuestro hijo es este, deberemos ayudarle a superar estos momentos.

 

Hablamos de la ansiedad ante el examen.  De si nuestro hijo se bloquea cuando llega el temido momento.

Lo primero que le debemos decir que parte de los nervios se pueden aplacar dominando bien la materia. Si va a la prueba con todo bien sabido y trabajado anteriormente, es muy probable que bajen los nervios.

Si aún así el bloqueo está ahí, vamos a tratar de seguir los siguientes pasos para mejorar:

Lo primero, decirnos que podemos y que vamos a  poder con esa prueba.

Es decir, trabajar el diálogo interior mandándonos mensajes positivos. Es importante desterrar frases tipo “no me lo voy a saber”, “es muy difícil”, “con esto no puedo”…, y sustituirlas por “vamos a por todas”, “puedo con ello”, “estoy preparado”. La disposición que tengan ante el examen puede ser fundamental para superarlo con éxito. Para ello, hay que trabajar diariamente en casa y en el colegio la autoestima del niño.

Debe sentirse capaz de hacer algo para lo que está perfectamente preparado, si lo ha estudiado.

 

Lo segundo que pueden hacer es controlar la respiración: hablamos de la respiración diafragmática. Esa que hace que se llenen los pulmones y que sea el diafragma, ese músculo que está debajo de ellos, el que vaya regulando el aire que sale de ellos. Respiraciones profundas y lentas que les oxigenen y relajen. Esto se puede hacer antes y durante la prueba. Siempre que noten que la ansiedad está llegando, una buena manera de bajarla es controlar la respiración.

 

Otra forma de controlar la ansiedad ante un examen, además de controlando nuestro diálogo interior y la respiración, es bebiendo agua. Algo tan básico y sano como esto. Cuando bebemos y nos hidratamos nuestro cuerpo tiende a relajarse. Le podemos decir a nuestro niño que tenga siempre a mano una botella de agua en el momento de la prueba.

 

Otro punto fundamental es dormir bien.

Una manera básica de controlar la ansiedad es controlando la calidad del sueño. Si nuestros hijos duermen poco o mal, es muy probable que al día siguiente no rindan convenientemente. En este pódcast hemos dedicado dos episodios al sueño y somos conscientes de la importancia que tiene de cara  a una buena salud. Por ello, vela porque tu hijo duerma las horas que debe dormir. Puede que con este paso hayamos despejado muchos de los problemas que nos surjan.



Llega el fin de curso y con él las notas. Un análisis de cómo ha ido el curso, de qué se puede mejorar de cara al siguiente o de qué hay que mantener los ayudará a seguir progresando.

Día a día y ahora toca algo también muy importante: descansar y disfrutar de las vacaciones.

 

martes, 2 de agosto de 2022

Maternidades desde la consciencia

 Escribo en un momento que no puedo decir más otra cosa que es de lujo.

Sentada en una terraza, buena temperatura (que ya es mucho decir para el momento que nos ha tocado vivir) y escuchando las olas del mar de fondo. Lujo total.

Cada vez estoy más enamorada de este sitio al que vengo puntualmente cada verano. Cada vez pienso más que mi sitio está aquí o en uno muy parecido. Lejos del bullicio de la ciudad, con estilos de vida más sencillos, simples y tranquilos. Es decir, lo contrario de lo que tengo ahora mismo en mi rutina actual.

Me imagino que la vida irá poniendo todo en su lugar y que independientemente de dónde resida en un futuro, estos momentos de paz me los llevo para el resto del curso como una tabla de salvación.


Pues en este lugar desde el que te escribo he tenido hoy una conversación inspiradora. Ella es madre de tres hijos: 7, 4 y 1 año respectivamente. Hablando con ella mientras que nuestros niños jugaban me ha empezado a decir que por qué no se habla más de la soledad de las madres de hoy día, de los problemas que se pueden ocasionar en los partos, de los postpartos y sus complicaciones... Ha empezado, en una conversación aparentemente intrascendente, a contarme lo que muchas venimos gritando desde hace años. Lo que, en parte, me movió a comenzar este blog que posteriormente se convirtió en un pódcast.

Le he dicho que algunas lo hacemos y le he comentado que hago un pódcast, pero que hay muchas más mujeres estupendas que están al frente de tratar de disipar muchas de las dudas que ella planteaba; muchos de los clamores que las mujeres callamos, pero que ya deberíamos darles la importancia que tienen.

Con poco que converses con una madre te cuenta sus heridas. Me imagino que esto no debería ser normal. Tantas mujeres no pueden haberse acercado a la maternidad desde el dolor, el desgarro, la soledad, la incomprensión, la desinformación o la falta de respeto desde algunas instituciones. No puede ser así y así lo estamos permitiendo.

Mucho falla en esta sociedad si nuestro pilar, las madres, los hijos, son tan sistemáticamente desatendidos y vilipendiados. Mucho falla si nosotras no somos capaces de ver que nos merecemos otro camino y que somos capaces de conseguirlo. De nosotras también depende y si lográramos ser conscientes de todo lo que debemos mejorar, puede que algo de terreno se ganara. Creo que nos lo merecemos, como sociedad, como mujeres y como madres. Por nosotras y por nuestros hijos.


Te dejo desde esta noche de agosto. Desde mi refugio. Desde mi guarida que me dará fuerzas para el siguiente curso.


Un beso grande para todos.

sábado, 11 de junio de 2022

Cómo fomentar la atención de nuestros niños

 

Escúchalo aquí:





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       En las aulas estamos viviendo una doble postura un tanto contradictoria.


Por un lado, vemos una palpable falta de atención en nuestro alumnado y, por el otro, un creciente interés por introducir más y más lo tecnológico en con tabletas, libros digitales, deberes a través de plataformas…


 

Nuestros niños se han acostumbrado a percibir la realidad a través de unas pantallas que transmiten un ritmo frenético. Cambios de planos rápidos, hablan muy deprisa y con un contenido, a mi entender, pobre. Cuando nuestros niños apagan el video juego o la tableta o la televisión y vuelven a la vida real y como el ritmo de esa vida real, al no ser tan excitante ni  frenético, les aburre. Y ahí viene la temida frase de “mamá, me aburro”.


Por otro lado, hay una tendencia muy marcada a darles todo.

Nuestros niños lo tienen todo sin casi pedirlo. De esta manera, como lo tienen todo y con muy poco esfuerzo, estamos anulando su capacidad de asombro.

Y sin asombro, no podremos valorar las pequeñas cosas de la vida e, igualmente, no habrá aprendizaje. No les podemos dar todo sin un esfuerzo previo. Necesitan ganarse las cosas para valorarlas.

 

        Un niño realmente, se puede distraer con cualquier cosa, porque para ellos todo es juego, todo es experimentación. Y si se aburren, mejor. Esto les ayudará a necesitar buscar nuevas formas de diversión que seguro que encontrarán. Agudizarán el ingenio y pondrán a volar su imaginación. Por lo tanto, ese aburrimiento es un trampolín muy sano para ayudar a nuestro hijo a crecer, madurar y aprender.

 

Está demostrado que las pantallas hacen que nuestros niños tengan menor capacidad de autocontrol y de frustración. No se fomenta la imaginación y no animan a tener curiosidad por lo que les rodea. No ayudan a que se sorprendan en su día a día: en el aleteo de una mariposa o en el canto de un pájaro. Están inmersos en esa pantalla, en ese ritmo frenético, y todo lo demás no existe.

Con esta base, es difícil que podamos en las aulas acompañar a nuestros alumnos en el aprendizaje.

 

Como decía anteriormente, gana terreno la visión de que nuestros niños estén cada vez más pegados a las pantallas y nos escudamos en la frase “es que son nativos digitales”, pero realmente, su cerebro no ha cambiado en nada con el de nosotros, sus padres, cuando éramos pequeño o sus abuelos. No hay un cambio en cómo el cerebro procesa y se adapta a un estímulo externo tan potente como puede ser el de la sobre exposición a las pantallas.

De hecho, la Sociedad Canadiense de Pediatría recomienda que los niños de 2 años no tengan ningún contacto con pantallas; y de los 2 a los 5, media hora, como máximo, y con supervisión de los padres


Siempre me acuerdo de que las escuelas a los que van los hijos de los trabajadores de Silicon Valley, de Google, Yahoo, Apple o Facebook no utilizan ordenadores ni pizarras electrónicas para tomar apuntes. Saben, porque los diseñan ellos, que estos dispositivos son adictivos.

 

 

      Es probable que estas pantallas bien utilizadas pudieran ser un recurso bastante bueno con cerebros bien formados. Es decir, creo que hay que destinar recursos en educar a los niños en cómo utilizar la tecnología de manera responsable, en vez de tratar de aplicar más y más la competencia digital sin saber ni cómo ni por qué. Es como poner a andar un coche muy potente cuesta abajo y sin frenos.

Para ayudar a utilizar correctamente la tecnología a nuestros niños, posiblemente, nosotros, los adultos, también deberíamos hacer lo mismo, cosa de la que hablaremos más adelante.

Hay un estudio realizado en 2015 titulado “Students, computers and learning”, “Estudiantes, ordenadores y aprendizaje” que concluía diciendo: “las competencias esenciales para la navegación “on line” deben ser aprendizajes con herramientas pedagógicas convencionales analógicas”.

 

Es decir, que para aprender a usar esas herramientas hay que tener una serie de valores asentados. Valores que no se adquieren con un cerebro inmaduro. Todo lleva un proceso, un aprendizaje, un camino. Y en este campo, también.

 

     ¿Cuáles serían esas cualidades para que nuestros hijos usen la tecnología de manera responsable?

 

 1.- Deberían tener una capacidad de atención y concentración bien asentada.

 2.- Haber adquirido un buen nivel de autocontrol.

 3.- Distinguir entre lo privado y lo público antes de ponerse a usar una red social. Muchos sabemos que los niños están usando Tic Tock o Instagram, cuando no tienen la edad legal para abrirse una cuenta. E igualmente, están exponiendo mucha de su privacidad sin que ningún adulto les esté poniendo límites.


Creo esencial que nosotros como padres acompañemos a nuestros hijos en este proceso de familiarizarse con las redes sociales. Debemos estar vigilantes para saber qué ven o qué no ven, quienes son sus ídolos de las pantallas, los influencers a los que siguen. No podemos dejarles solos con la tableta porque no sabemos qué están viendo ni cómo puede estar influyendo en su educación.

Hay que enseñarles que los valores que creemos esenciales para la vida real, como el respeto, la educación, la tolerancia…, esos mismos valores se deben poner en práctica en las redes sociales porque además todo lo que se hace puede tener consecuencias legales.

 

Antes te decía que quería hablar del uso responsable que debemos hacer los adultos de los dispositivos.

 

          Estamos hablando de los niños, de los jóvenes, pero mucho de lo que hagan o no hagan va a ser responsabilidad de sus mayores.

No les podemos decir que no utilicen el móvil si nosotros estamos continuamente pegados a él.

Seguro que has visto en alguna ocasión a algún padre o alguna madre mirando la pantalla del móvil mientras que su hijo le pide atención. Niños que están en el parque, que han descubierto algo maravilloso y le dicen a su madre, “¡mamá mira!” y esa mamá, o papá, miran de reojo porque su atención está puesta en la pantalla.

Los niños NECESITAN, y lo he escrito en mayúsculas, la mirada del adulto para sentirse importantes. A través de nosotros entienden el mundo y así mismos.

Si mi madre, mi figura de referencia (y aquí estaríamos hablando de la teoría del apego de la que ya dedicamos un episodio, el número 33), me mira, me responde, me atiende, me hace sentir importante, me dedica su tiempo con todos sus sentidos…, será que soy importante para ella. Si no lo hace, será que no.

Si no hacemos, si no les atendemos mirándoles, dedicándoles nuestro tiempo con todo nuestro cuerpo y nuestra mente, nuestros hijos pueden llegar a pensar que no son merecedores de nuestro amor.

Esta herida puede que sea muy difícil de reparar.


Y, como decía anteriormente, no podemos pedir a nuestros hijos que no utilicen el móvil, la tableta o el video juego si nosotros somos los primeros impulsores, a través de nuestros actos, de esas actitudes.

 

       Si quieres que tu hijo llegue a los dispositivos habiendo adquirido una serie de herramientas como la concentración y el autocontrol, te recomiendo que

 

-          - Pases el mayor tiempo con él o con ella hablando, jugando o dando un paseo. Sin pantallas. Sin interrupciones. Con atención plena y mirada.

-         -  Llévale al parque, déjale que corra, se desfogue y haga ejercicio físico,  así como que se relacione con otros niños. Para estar concentrado el cerebro necesita desconectar de vez en cuando y descansar para volver a estar luego otra vez con toda la energía para volver a rendir.

-        -   Crea momentos en los que tu hijo se pueda sentir relajado y concentrado.

-         - Ayúdales a que realicen actividades y que las terminen. Por ejemplo, podéis cocinar, hacer un dibujo o hacer las camas juntos. Concentración en una tarea que deba llegar hasta el final.

 

        Con unos niños que han ido madurando desde la tranquilidad, con una exposición a las pantallas controlada y medida, que se ha respetado su evolución sin haber querido forzarla, sin una sobre estimulación. Si trabajamos para que esos cerebros estén sosegados y centrados, es más que probable que en las aulas todo sea más sencillo.

El conocimiento se adquiere a través del asombro, de los sentidos, del interés por lo que pasa alrededor del niño. Si les tenemos sobre estimulados, nada les llamará la atención. Si están acostumbrados a que todo sucede como en las pantallas, a gran velocidad, no tendrán paciencia para una conversación pausada, para un estudio con procesos lentos… para la vida real y normal.

Y nosotros, los maestros, seremos los responsables de, a través de los sentidos, de la empatía, del trato humano y cercano, de la creatividad…, ayudar a dar los pasos necesarios hacia el descubrimiento del conocimiento. Aumentar las horas de exposición a pantallas puede que sea necesario pero en edades más avanzadas y siempre y cuando se hayan adquirido una serie de destrezas como las comentadas anteriormente: atención, autocontrol, distinguir entre la vida pública y privada así como tener claro que el respeto y la tolerancia son valores que se aplican dentro y fuera de la vida online.